Según datos publicados hoy por el Ministerio de Trabajo e Inmigración, el número de personas desempleadas en el mes de mayo bajó en 79.701 efectivos (-1,87%) en relación al mismo al mismo mes del año pasado lo que supone la mayor caída desde el año 1997.
Aunque no se trate de un cambio radical ya que 4.189.659 personas se encuentran sin trabajo en España, al menos alivia de alguna manera la situación angustiosa a la que se enfrenta la economía del país en estos momentos.
Dejando las “buenas” noticias a parte hoy me gustaría enfocar esta entrada en la preocupante tendencia que se observa en los datos de paro juvenil.
Para nadie es una sorpresa ya que las peores tasas del paro en Europa se contabilizan en España y tampoco lo es que el paro juvenil (entre menores de 25 años) se encuentra en cotas estratosféricas. Si la tasa de desempleo general se encuentra en el 20,7%, la tasa de paro entre los menores de 25 años llega al 44,7%. Por desgracia no se trata de una situación aislada ya que a excepción de Alemania la tasa de paro juvenil duplica a la general en todos los países de la Unión Europea o ampliamente la sobrepasa como en el caso de Italia o Irlanda.
A las altas tasas de paro de larga duración hay que sumar ahora la aparente incapacidad de los países de la Unión ha conseguir incorporar a los más jóvenes al mercado laboral lo que aumentará inevitablemente el desempleo de larga duración futuro. Este cuello de botella ralentiza la incorporación de las nuevas generaciones al mercado de trabajo y provoca que los parados de larga duración se encuentren entre los que todavía han tenido oportunidad de adquirir experiencia laboral lo que cierra cualquier oportunidad de encontrar empleo en el futuro. En pocas palabras, una generación perdida de europeos abocados a la dependencia familiar o a las ayudas sociales.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada