Se trataba, y aún se trata, de los trabajos por un euro o lo que en Alemania denominan “ein-euro-jobs”.
La idea es bien sencilla. El Estado subvenciona a las empresas para que contraten parados pagándoles un euro o euro y medio la hora y el resto, hasta llegar a un salario mínimo (todavía nadie sabe exactamente cómo calcular dicho salario mínimo), lo aportan las instituciones públicas correspondientes.
De esta forma, las empresas pueden contratar a un coste mínimo mano de obra cualificada; el trabajador no abandona el mercado laboral y el Estado podría presumir de unos niveles bajísimos de desempleo porque estas personas estaban legalmente empleadas. Sobre el papel todo son ventajas. Pues bien, la era de los “ein-euro-jobbers” (trabajadores por un euro) parece llegar a su fin, al menos tal y como se la conocía hasta el momento.
¿Por qué razón tienen intención ahora de acabar con los trabajos por un euro? Sin entrar en grandes detalles, en la práctica se producían situaciones que para nada se ajustaban a los resultados que la medida pretendía.
Las empresas recibían por contratar un trabajador en paro, bajo esta modalidad, 500 euros al mes. Haciendo un simple cálculo, si el “ein-euro-jobber” trabajaba cuarenta horas semanales, a un euro la hora, la empresa pagaba por dicho trabajador más o menos entre 160 y 240 euros mensuales. 500 euros de “subvención” menos 240 euros de gasto, en el peor de los casos, hacen un total de 260 euros limpios para la empresa por contratar a un trabajador cualificado por el que ni siquiera hay que pagar contribuciones sociales.
¿Y qué pasa con el trabajador? Por supuesto, y como en el resto de contratos, hay un tiempo de prueba y otro tiempo pasado el cual el trabajador adquiere plenos derechos y pasa a ser contratado como uno más. Como adivinarán los “ein-euro-jobbers” o no pasan el tiempo de prueba (normalmente porque al final el trabajo no se ajusta ni de lejos a las características y preparación del trabajador) o si lo hacen muy bien, la empresa se asegura de que no lleguen al tiempo límite antes de adquirir todos los derechos ya que sale infinitamente más rentable contratar a otro trabajador por un euro/hora con aptitudes similares y, peor aún, se daba el caso de empresas con la mayoría de la plantilla formada por estos trabajadores en vez de trabajadores regulares. Esta medida a largo plazo lo que hacía era desplazar al trabajador, por decirlo de alguna manera, “normal”.
En definitiva, una vez que el parado entraba a trabajar como “euro-jobber”, si tenía la suerte de ajustarse al perfil de las empresas a las que es mandado (porque al ser desempleado estás obligado a aceptar el trabajo que la oficina de empleo te ofrece), como “euro-jobber” se quedaba hasta que volvía de nuevo al paro con la horrible sensación de haber estado trabajando gratis.
El Gobierno alemán ha tardado en darse cuenta de lo absurdo y costoso de esta situación por lo que quieren acabar con ella, o al menos modificarla aunque nadie ha dejado claro aún cómo.
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